El sitio más mortífero para los periodistas no es una zona de guerra sino América Latina

2022 fue el año más mortífero en décadas para los periodistas de la región, con México y Haití liderando la lista. ¿Cambiará en 2023?
Imágenes de periodistas y activistas asesinados en un altar durante el día de los muertos en México.  REUTERS/Gustavo Graf

Imágenes de periodistas y activistas asesinados en un altar durante el día de los muertos en México.  REUTERS/Gustavo Graf

En la tarde del 18 de diciembre de 2022, el periodista haitiano Franklin Tamar fue asesinado a tiros por dos individuos no identificados cerca de su casa en Port-au-Prince, según informes de noticias locales. Tamar, un periodista de cultura y arte para Radio Solidarité, se convertiría en el último periodista asesinado en un año particularmente letal para los trabajadores de medios de América Latina.

La violencia en contra de los periodistas es a menudo difícil de categorizar al ser difícil evaluar si el ataque es una represalía directa por la actividad periodística de las víctimas. Sin embargo, los números de los periodistas asesinados este año son impactantes, con estimaciones que oscilan entre 30 y 42. Estos números hacen del 2022 el año más mortífero registrado para periodistas en Latinoamérica y a América Latina la región más letal para los periodistas en todo el mundo. 

En un continente sin ninguna zona de guerra activa y donde hay una amplia gama de libertad de expresión e instituciones democráticas, ¿cómo se ha llegado a este punto? Y ¿Qué significa para el periodismo en la región en 2023? 

Ruptura de las condiciones de seguridad periodística

Para Carlos Martinez de la Serna, director de programas del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), estas cifras no son una sorpresa sino una culminación inminente de una serie de factores. "Esto ocurre en un contexto de declive de la libertad de prensa, de estados cada vez más autoritarios, de estados más agresivos contra el sindicalismo y el periodismo, y también en un contexto de impunidad", dice. "Así que no es una sorpresa, desafortunadamente, que México, donde hay una gran prevalencia en el contexto de impunidad, lidere el conteo".

Aunque hay problemas de libertad de expresión en toda la región, dos países lideran la lista muy por encima del resto: México y Haití. Once periodistas fueron asesinados en México en el 2022, lo que lo convierte en el país más peligroso para los periodistas, por encima de zonas de guerra como Ucrania y Siria. 

Para Rocío Gallegos, periodista y cofundadora de La Verdad Juárez, un medio de periodismo de investigación en Ciudad Juárez, la situación es desesperante. “El periodismo vive una situación muy compleja actualmente. Aparte de estas condiciones (de violencia), creo que cada vez más hay menos acompañamiento de la sociedad hacia los periodistas y hacia el periodismo", dice. 

Gallegos, que ha trabajado como periodista en la ciudad fronteriza de Juárez desde 1994, no es una extraña a la violencia. La ciudad a menudo ha sido el telón de fondo de un número desmesurado de feminicidios, estallidos de intensa narcoviolencia y una presencia persistente de bandas y cárteles.

El medio de Gallegos ha sufrido amenazas y esto ha forzado a sus periodistas a establecer protocolos de seguridad como el monitoreo constante de aquellos que reportan sobre temas sensibles, que van desde la delincuencia organizada al medio ambiente. 

Ella teme que esta violencia esté alejando a la gente de la profesión y erosionando así la construcción de la comunidad y de la democracia. 

“Hay cada vez menos periodistas informando no solamente porque los han matado, porque los han callado, porque los han encarcelado, sino porque hay menos oportunidades para ejercer el periodismo de una manera digna”, dice Gallegos. 

Una de las razones por las cuales estas oportunidades se ven reducidas es por la demonización de los periodistas por los líderes de los gobiernos. El ex presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha llamado a los periodistas “bastardos sin escrúpulos”. Nayib Bukele, presidente de El Salvador, ha tuiteado repetidamente que los periodistas son “activistas políticos de oposición.” La vicepresidenta nicaragüense Rosario Murillo se ha referido a los periodistas como “criminales” y “terroristas de la información".

"Estamos viendo una retórica cada vez más agresiva contra la prensa, tanto por parte de los gobiernos democráticos como de los autoritarios", afirma Martínez de la Serna, del Comité para la Protección de los Periodistas.

Un líder contra los periodistas

En una carta abierta publicada el mes pasado, más de 170 periodistas mexicanos demandaron que el presidente Andrés Manuel López Obrador cese “el hostigamiento que ejerce contra periodistas críticos”. Temen que México entre en “una etapa aún más sangrienta” donde los periodistas seguirán siendo asesinados.  

El presidente mexicano no se muerde la lengua a la hora de describir a los periodistas, llamándolos “hipócritas”, “fantoches” y “fifí”. AMLO, como se conoce al líder mexicano, desestimó la carta diciendo que los periodistas signatarios no escriben equilibradamente sobre su gobierno. 

Javier Garza es uno de los firmantes de esa carta. Él trabaja como periodista en la ciudad de Torreón al norte de México y es el fundador de EnRe2 Laguna, una plataforma de noticias locales en radio y redes sociales en la región de La Laguna.

“El gobierno no parece muy interesado en resolver el problema de la violencia contra periodistas y esa falta de interés es lo que envalentona a un agresor potencial a atacarnos”, dice él. Garza ha visto de primera mano el impacto de este entorno violento. Él menciona que algunos colegas se ven obligados a autocensurarse y a otros que han abandonado la profesión por miedo a los ataques.

“Al ser la profesión mucho menos atractiva, se está inhibiendo el periodismo de investigación”, afirma Garza. “Se está inhibiendo el periodismo independiente.”

Un informe de 2020 sobre la libertad de expresión hecho por la ONG mexicana Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia (CASEDE) identifica la precariedad del trabajo periodístico como un factor clave que inhibe la seguridad de los periodistas. 

Contratos a tiempo parcial sin ningún beneficio y una falta de recursos contribuyen a una situación en la cual un número de periodistas tienen que aceptar trabajos adicionales para poder llegar a fin de mes. Esto es mucho más frecuente entre los periodistas que trabajan en comunidades rurales y lejos de los grandes centros urbanos. 

Tanto Garza como Gallegos aluden a la responsabilidad de las empresas a la hora de invertir en sus trabajadores y a las desigualdades estructurales entre las personas que trabajan para un mismo medio en distintas regiones del país. “Tenemos que estar sorteando entre buscar ingresos, [y] mantenernos en trinchera para seguir informando de manera independiente”, dice Gallegos. 

Periodistas atacados en Haití

Esta situación es un espejo de lo que ocurre en Haití, el segundo país más mortífero en la región con nueve periodistas asesinados en 2022 y un lugar donde las condiciones para la prensa se han deteriorado rápidamente en los últimos años. 

Raoul Junior Lorfils es un periodista de Port-au-Prince y el jefe de redacción de Loop Haití. Uno de sus colegas desapareció mientras realizaba un reportaje. A otro le dispararon cuando salía del trabajo. “La situación política se ha vuelto más caótica que nunca y los periodistas están entre los más atacados", dice. 

Lorfils describe un entorno donde los periodistas tienen miedo de cubrir ciertos temas, lo cual deja un vacío en la cobertura, ya que menos voces están dispuestas a arriesgar su vida para informar. Esto se ve reflejado en un menor número de periodistas de investigación en el país, lo que en última instancia socava el tejido de la democracia y la libertad de prensa.

“Muchos periodistas no desarrollan interés por el periodismo de investigación debido a lo que viven este tipo de reporteros", dice Lorfils. “[El gobierno] te hace parecer como un enemigo o alguien que sólo está haciendo el trabajo de la oposición.”

Un ambiente de impunidad 

Para todos los periodistas con los que hablé, el principal factor de este entorno de violencia es la impunidad. En su informe anual, el Comité para la Protección de los Periodistas constató que no se había condenado a nadie por casi el 80% de los asesinatos de periodistas ocurridos en los últimos diez años.

"Hemos visto casos de periodistas asesinados en países con total impunidad, sin ninguna mejora significativa y sin ningún esfuerzo para proteger a los periodistas", afirma Martínez de la Serna, director de programas del CPJ. 

Los periodistas mexicanos Javier Garza y Rocío Gallegos coinciden en que es responsabilidad del gobierno garantizar que estos crímenes sean perseguidos y juzgados. Garza describe cómo trabajó para un periódico cuya oficina fue tiroteada en cinco ocasiones en un periodo de tres días consecutivos. 

“La causa de cada agresión era el hecho de que la agresión anterior había quedado impune”, dice Garza. “La impunidad es el motor de los ataques contra periodistas.”

Desde el asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse en 2021, ha habido una creciente fragmentación política e institucional en el país. Las Naciones Unidas han descrito el sistema judicial del país como aquejado de "graves debilidades estructurales". Lorfils describe el sistema judicial de Haití como "casi inexistente", lo que agrava el problema de la impunidad. "Una de las principales razones por las que se sigue asesinando a periodistas en el país es que quienes están detrás de estas acciones no temen nada del sistema judicial", dice.

Mirando hacia 2023

Los periodistas entrevistados para este artículo no creen que vaya a haber grandes mejoras en el clima del periodismo en América Latina si los índices de impunidad no cambian y los gobernantes continúan con su retórica antagonista contra la prensa. 

“Yo no creo que vayamos a tener sustancialmente una baja en homicidios o en crímenes contra periodistas en general, porque lo que realmente los bajaría es una intervención de las autoridades”, dice Garza. 

Para Lorfils, mucho tiene que cambiar institucionalmente en 2023 para que cesen los asesinatos de periodistas en la región: desde una acción judicial más severa por parte del Gobierno hasta el cese de la retórica antagonista hacia la prensa por parte de los funcionarios gubernamentales. Sin embargo, también desea que los miembros de la sociedad civil apoyen a los periodistas y se opongan al trato que reciben. 

"Los periodistas y la libertad de prensa son un gran pilar de la democracia", afirma el periodista haitiano. "Si no hay periodistas, el pueblo no tendrá acceso a la información útil que necesita para orientar sus decisiones democráticas".

El CPJ no sólo ha observado un aumento de la violencia contra los periodistas sino también una mayor diversidad en cuanto a los temas de cobertura que ahora se consideran vulnerables a la violencia. No sólo se amenaza a los periodistas que cubren la corrupción política o la delincuencia organizada sino también a los que cubren temas relacionados con las comunidades locales e indígenas, como cuestiones medioambientales o de inmigración. 

"Sin mecanismos de protección efectivos, sin voluntad política ni recursos para proteger eficazmente a los periodistas, sin un cambio en la retórica sobre cómo los gobiernos de la región, se refieren a los periodistas", dice Martínez de la Serna, "no tenemos motivos para ser optimistas porque no vemos ningún cambio".

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