América Latina está salpicada de desiertos informativos. Estos son los reporteros que llenan ese vacío
Una mujer lee un periódico que muestra los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales la mañana después de la votación, en Bogotá, Colombia, el 20 de junio de 2022. REUTERS/Luisa González
Un estudio de 2025 publicado por la Fundación Gabo trazó un mapa del estado de los desiertos informativos en cinco países de América Latina: Argentina, Chile, Colombia, México y Perú. Como era de esperar, el estudio reveló que América Latina está llena de desiertos informativos o zonas en las que las condiciones son precarias y extremadamente críticas para ejercer el periodismo de manera profesional y estable. También encontró muchos semidesiertos o lugares que ofrecen malas condiciones para el desarrollo de los medios de comunicación y sus reporteros.
Los ecosistemas informativos desérticos y semidesérticos superan el 65 % del territorio incluido en el estudio. Esto significa que muchas de las personas que viven en esos países viven en un entorno en el que las condiciones para ejercer el periodismo pueden estar restringidas desde el punto de vista económico, político o de seguridad.
A pesar de estas condiciones, hay periodistas y medios que siguen operando en estas zonas y tratando de mantener informadas a sus comunidades. Hablé con siete periodistas de estas zonas en Colombia, Argentina, Perú, Honduras y México. Discutimos el estado del periodismo local, las causas de los desiertos informativos y la importancia de no dejar atrás a estas comunidades.
¿Dónde han ido a parar los medios de comunicación tradicionales?
Muchos de los medios con los que hablé se crearon por necesidad. Sus fundadores detectaron una falta de información en sus comunidades y decidieron intervenir para cubrirla. Pero esto plantea una pregunta más amplia: ¿dónde han ido a parar los medios de comunicación nacionales? Esta dinámica no es exclusiva en América Latina. En muchas regiones, los medios nacionales tradicionales, con sede en las capitales, se han vuelto reacios o incapaces de prestar servicio a las comunidades remotas y desatendidas.
Manuel Boluarte es el director general de Inforegión, un medio digital centrado en investigaciones medioambientales que opera en la región de Selva Alta, en Perú.
Desde la fundación de Inforegión en 2006, Boluarte ha visto cómo los medios tradicionales vinieron y se fueron, y cómo los grandes medios nacionales abandonaron la cobertura regional al eliminar sus unidades de investigación y corresponsales por considerarlos demasiado caros de mantener.
Los pocos medios de comunicación que quedan, me dijo Boluarte, tienden a ser muy permisivos con las empresas ilegales, como la tala ilegal, el tráfico de drogas, el tráfico de tierras y la minería ilegal. “Los pocos medios locales que hay viven el día a día y las economías ilegales pues tienen mucho dinero y penetran instituciones, penetran las fuerzas armadas y cómo no van a tener incidencia en los medios?” dice Boluarte.
Para los medios nacionales, incluso tareas sencillas como enviar a un reportero a zonas remotas o distribuir periódicos impresos en regiones sin infraestructura suponen altos costos que no están dispuestos a asumir.
Judith Calmels es la directora del sitio de noticias digital Plottier Conecta, que presta servicios a la ciudad de Plottier, en la Patagonia argentina. Calmels me comentó que la financiación suele determinar si se lanza un medio de comunicación en un territorio concreto, lo que a menudo deja las zonas remotas como “desiertos” porque no se consideran mercados rentables.
Cuando las grandes organizaciones de noticias están representadas en un territorio, la mayoría de los periodistas con los que hablé describieron esa presencia como a menudo centralizada, superficial y estigmatizante.
Plottier Conecta en Argentina, por ejemplo, nació de esta falta de representación. Incluso cuando los medios de comunicación de la capital llegan a ciudades más pequeñas como Plottier, dijo Calmels, las voces locales no tienen representación en la cobertura. Las agendas informativas a menudo se centran estrictamente en las noticias oficiales del gobierno, dejando fuera de la imagen la vida cotidiana y las necesidades de la comunidad.
“En los medios de la capital, las voces locales no tenían representación en los medios, entonces mi idea fue hacer un medio de comunicación para dar lugar a esas voces”, explica. “Yo buscaba contar las historias de mi comunidad, aquellas que son cotidianas comunes que quizás son vecinos nuestros, pero que tienen una historia para contar y que no tienen lugar en los medios de comunicación”.
“Viviendo casi de la misericordia de Dios”
Desafortunadamente, las mismas presiones económicas que están vaciando las redacciones tradicionales están afectando aún más a los medios de comunicación comunitarios.
Se espera que muchas de las organizaciones que surgen por la necesidad de proporcionar información confiable a sus comunidades hagan mucho más con mucho menos: fuentes de ingresos más escasas, equipos más pequeños, infraestructuras más débiles y una mayor exposición a represalias políticas y comerciales.
Alondra Reséndiz es una periodista independiente que trabaja en el estado de Tabasco, en México. Ella describió el ecosistema informativo del estado como “desalentador” en lo que respecta al acceso a información de calidad. Por eso, recientemente ha lanzado un boletín informativo centrado en ocho estados desatendidos del sureste de México, entre ellos Tabasco.
“Sí hay noticias locales, pero creo que en muchas ocasiones hace falta darles un seguimiento más profundo para que sea entendido por las comunidades que lo están viviendo”, dice Reséndiz. “Se ha perdido mucho este diálogo y una escucha más activa de estas comunidades”.
Reséndiz, una joven periodista, prefiere quedarse y trabajar en su región en lugar de irse a la Ciudad de México. Pero el mayor reto para ella, y para todos los demás periodistas con los que hablé, es la financiación y la estabilidad financiera, especialmente difíciles de encontrar cuando se trabaja en regiones rurales.
“Yo he tenido la dificultad de obtener financiamientos de manera estable”, dice. “Como muchos colegas, tenemos que sacar otros trabajos que no necesariamente son periodismo”.
Calmels fundó Plottier Conecta hace aproximadamente un año y medio con una beca de SembraMedia y el Foro de Periodismo Argentino. Su objetivo era acabar con la etiqueta de “desierto informativo” que pesaba sobre Plottier, una ciudad patagónica con una población de 60 000 habitantes. Como su medio aún está dando sus primeros pasos, no puede depender completamente de él para mantenerse a sí misma y a su familia.
“El principal desafío es la sostenibilidad: lograr que su proyecto sea sostenible y que se genere un ingreso para poder vivir de eso. En mi caso no lo es”, dice Calmels.
La precariedad financiera en todas sus formas es el principal reto al que se enfrentan estos medios. Germán García, coordinador editorial del medio colombiano Entre Ojos, me comentó que medios como el suyo viven “casi de la misericordia de Dios” en lo que respecta a su financiación.
“Nosotros confiamos que nuestro periodismo iba a ser suficiente garantía para la captura de clientes que pudieran financiar nuestro trabajo y pensamos en la pauta como el único y exclusivo modelo de financiación, pero nos enfrentamos al hecho de que nuestro periodismo no resultó tan atractivo para los anunciantes”, dice García.
El medio de García presta servicio a las regiones de Boyacá, Centro Oriente y Orinoquía en Colombia, con temas centrados en el medio ambiente y la sostenibilidad. Según él, en las regiones rurales, la fuente de ingresos más atractiva es la publicidad gubernamental, pero decidieron evitarla para proteger su independencia editorial. Para sobrevivir, han dependido principalmente de subvenciones.
“Queremos hacer la reportería, hacer el trabajo de campo, dialogar con la gente, contar las historias del territorio, pero los retos financieros son grandes”, dice García. “Seguimos en esa tarea”.
Aceptar o no aceptar dinero del gobierno
Dado que prestan servicio a comunidades desatendidas, los medios de los desiertos informativos tienen menos probabilidades que otros de beneficiarse de la publicidad comercial o de los modelos de ingresos por lectores.
Una posible fuente de ingresos es la publicidad gubernamental, pero a menudo supone una amenaza para la independencia editorial, por lo que muchos medios la rechazan.
Anabilec Martínez es directora de contenidos de Extrategia Medios, un medio de comunicación con 20 años de edad en las regiones de Sabana y Cundinamarca, en Colombia. La organización comenzó como una radio comunitaria y un periódico local, pero ahora funciona como un medio de comunicación digital.
Hace muchos años, me contó Martínez, entre el 60 % y el 70 % de la financiación de su medio procedía de la publicidad gubernamental. Ahora han reducido esa dependencia al 15 %, señalando que los gobiernos locales retiran la financiación o ejercen presión si publican informes críticos.
“Estamos buscando no tener en absoluto nada de pauta oficial, pero eso lo hemos venido logrando a medida que vamos encontrando nuevas fuentes de ingreso, porque tenemos un equipo que mantener, pero eso jamás ha significado que tengamos que vender nuestra nuestros contenidos”, dice Martínez. “Si llegamos a publicar algo que la administración local aquí no le gusta, la directora de prensa nos llama que no le gustó. Entonces, de cierta manera empieza esa presión para que en el próximo periodo no haya contratación pública”.
Aunque se encuentran en una región desatendida, muchas empresas tienen su sede en la zona. Por lo tanto, han podido diversificar sus ingresos con anuncios de esas empresas. Martínez me dijo que ahora Extrategia Medios depende principalmente de la venta de contenido de marca a pequeñas, medianas y grandes empresas que operan en la región. Esto representa más del 65 % de sus ingresos.
Sin embargo, la mayoría de los medios regionales de América Latina no tienen esta opción. Edwin Suárez, director del medio colombiano El Morichal, dijo que los comerciantes de la zona no están interesados en la publicidad.
El Morichal es un periódico digital con una edición impresa mensual que presta servicios a los departamentos de Guainía y Vichada, y Suárez dijo que decidieron romper relaciones con la publicidad gubernamental para evitar cualquier exigencia editorial.
“Nuestro interés es cómo vigilar a los gobernantes locales. Entonces nosotros decidimos, por ejemplo, no tener ingresos de publicidad de las gobernaciones y de las alcaldías. Eso nos bajó un montón en los recursos, nos quitó el 70% de los egresos o más”, explica él. “Pero así hemos tratado de sobrevivir y nos sentimos mucho más cómodos y tranquilos”.
Al igual que muchas redacciones que operan en zonas remotas, los costos de producción pueden dispararse rápidamente. Por ejemplo, Suárez me comentó que en la región donde opera El Morichal no hay imprenta, por lo que deben pagar para imprimir su periódico en Bogotá y transportarlo al territorio en un avión de carga semanal, un proceso costoso y logísticamente complejo. Además, el costo de un viaje de reportaje a las zonas más difíciles de alcanzar del territorio puede superar los 1.000 dólares.
“Esa es una de las barreras y es el asunto de que limita la cobertura y que provoca estos desiertos informativos”, dice. “El tema de no poder acceder es más por los recursos económicos”.
Dependiendo de subvenciones, subsidios y donaciones
El Morichal ha sobrevivido gracias a una dieta financiera que incluye publicidad comercial y subvenciones y subsidios internacionales, siendo estos últimos una herramienta de supervivencia muy común para muchos medios de comunicación de la región. Sin embargo, el acceso a estas subvenciones internacionales es cada vez más difícil, ya que muchos gobiernos y organizaciones internacionales han comenzado a retirar su apoyo al periodismo desde 2025.
El medio peruano Inforegión nació en 2006 con la ayuda del gobierno de Estados Unidos para desarrollar un proyecto de comunicación en la zona, que en aquel entonces estaba plagada de guerrilleros de Sendero Luminoso.
El director general, Manuel Boluarte, me contó que habían estado trabajando con USAID hasta enero de 2025, cuando el apoyo comenzó a agotarse. A pesar de ello, Boluarte ha podido seguir adelante diversificando sus ingresos mediante una combinación de ayuda no gubernamental, publicidad y consultoría en comunicación.
“Yo siempre, desde antes nunca dependí solo de la cooperación internacional por la experiencia que tuve después de los primeros cinco años dije, ‘la cooperación se va, hace su misión, pero si el medio quiere continuar, hay que diversificar sus ingresos’, says Boluarte.
Radio La Voz Lenca, una radio comunitaria que presta servicio a la comunidad indígena lenca, principalmente en las tierras altas del oeste de Honduras, adopta un enfoque diferente al depender de las donaciones de la audiencia. Selvin Milla, uno de los miembros del equipo, me comentó que han rechazado todos los anuncios de grandes empresas y del gobierno para mantenerse “coherentes” con su misión en materia de derechos humanos.
“[The radio] se mantiene por la gente misma”, dice Milla. “Por ejemplo, en casos más extremos cuando la radio se encuentra en un estado crítico, entonces nos declaramos en emergencia y las comunidades se encargan de mantener la radio y se unen para juntar dinero”.
Teniendo en cuenta los riesgos de seguridad
Operar en regiones remotas no solo representa un enorme desafío logístico y financiero, sino también de seguridad. Estos riesgos pueden limitar gravemente la capacidad de los periodistas para llevar a cabo reportajes de investigación.
Suárez, del medio colombiano El Morichal, describe cómo existe una sensación de inseguridad debido a la región y a la naturaleza de los reportajes que realizan.
La región de Orinoquía, en Colombia, se encuentra en la intersección de las fronteras del país con Venezuela y Brasil, en plena Amazonía, donde merodean grupos armados. Aunque en general han podido mantener la seguridad de su personal, Suárez me contó que una de sus reporteras tuvo que empezar a mantener un perfil bajo porque recibió amenazas directas de grupos armados en 2022.
“La seguridad empezó a preocuparnos un poco más en los últimos años. Es muy complejo porque ahí todo el tiempo se siente la presencia de los grupos armados y nosotros informando sobre los grupos armados”, explica. “Entonces estando ahí yo me sentí demasiado vulnerable porque no ahí no hay policía, no hay nada. Es zona rural donde el control lo tienen los grupos”.
Anabilec Martínez, de Extrategia Medios, también en Colombia, dijo que se enfrentan a problemas de seguridad debido a sus reportajes sobre el tráfico de drogas y la corrupción. Describió un caso en el que recibieron un video de un incidente de violencia doméstica, pero, como el agresor era una figura conocida y “muy peligrosa” vinculada a las redes de tráfico de drogas, decidieron no publicarlo ellos mismos y, en su lugar, lo remitieron a un gran medio de comunicación nacional.
Para Martínez, formar parte de la comunidad no solo es una bendición, sino también una maldición, ya que se vuelven más vulnerables a los ataques. Una de las medidas que han decidido tomar, por ejemplo, es instalar sus oficinas en un edificio anónimo en una ubicación desconocida para el público.
“Si queremos hablar sobre un político, por ejemplo, que está haciendo temas de corrupción, primero nos tocaría pensar en trasladarnos a un sitio donde no seamos visibles, porque si esa persona quiere tomar algún tipo de represalia con nosotros, pues no queremos no queremos ser los mártires,” she says.
Pequeñas victorias
A pesar de todos los retos, todos los periodistas con los que hablé se mantienen decididos a persistir y hacer periodismo para sus comunidades, ya que lo consideran un servicio democrático vital que da voz a las poblaciones marginadas y cubre temas poco difundidos.
García, del medio colombiano especializado en medio ambiente Entre Ojos, señala que en esta región no existe un periodismo de investigación relacionado con cuestiones socioambientales. Mientras que los medios tradicionales cubren la zona reproduciendo los comunicados de prensa del gobierno, su equipo va más allá.
Ha sido un reto continuar con la misión, afirma García, pero cree que alguien tiene que cubrir la realidad medioambiental de estas regiones. “Es un tema de persistencia que nos ha generado pequeñas victorias y seguimos convencidos de que esa es la garantía para responder al reto que tenemos de seguir informando con responsabilidad a nuestra audiencia sobre estas temáticas”, dice.
La periodista independiente mexicana Alondra Reséndiz destaca lo centralizado que está el panorama mediático mexicano, con la mayoría de los medios de comunicación ubicados en la Ciudad de México y el resto del país con una cobertura insuficiente. “Informar a la ciudadanía de forma clara, con rigor, con respeto hace toda la diferencia para tomar decisiones”, dice Reséndiz. “La audiencia sí está presente y necesitan estos espacios”.
Para Selvin Milla, de La Voz Lenca, su radio no solo es una fuente de información para la comunidad lenca, sino también un salvavidas. Explica cómo la emisora sirve como tablón de anuncios público para las comunidades que no tienen señal telefónica, transmitiendo mensajes personales sobre agricultura, la llegada de familiares o la venta de tamales, por ejemplo.
Sin embargo, lo más importante es que la radio sirve como herramienta para amplificar la voz del pueblo lenca. “Las comunidades más remotas y más empobrecidas son las que siempre han sido marginadas, olvidadas y poco escuchadas”, dice Milla. “Entonces, tener voz y palabra desde los medios de comunicación comunitarios es super importante porque ya le das una voz a los que nunca han sido escuchados.”
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