Año tras año, Cuba sigue siendo el peor país de América Latina en materia de libertad de prensa. La Constitución del país declara que los medios son propiedad del Estado, lo que en la práctica ilegaliza cualquier tipo de periodismo fuera de la prensa oficial.
Sin embargo, la situación se ha deteriorado aún más tras la pandemia. En 2021, tras una serie de protestas a nivel nacional, el régimen reforzó considerablemente el control sobre los contenidos en línea de Internet, lo que afectó a la efímera primavera de los medios independientes que llegó con la llegada masiva de Internet móvil a la isla en 2019.
Cientos de periodistas se vieron obligados a huir de la isla, mientras que los que se quedaron siguieron sufriendo acoso, encarcelamientos y agresiones por parte del Gobierno. Muchos no pudieron ejercer el periodismo en absoluto.
La lucha por mantener el periodismo independiente recae ahora en gran medida en quienes se encuentran fuera de la isla. A través de conversaciones con cuatro periodistas exiliados, surge la imagen de un movimiento que, aunque desplazado físicamente, no se deja intimidar en el ámbito editorial. Cabe destacar que todavía hay periodistas en Cuba que siguen ejerciendo el periodismo independiente a pesar de la represión del gobierno.
Un éxodo masivo
En los últimos años se ha producido un éxodo masivo fuera de Cuba. La última ola migratoria de personas que abandonaron la isla comenzó a finales de 2021 y alcanzó su punto álgido entre 2022 y 2023. Para muchos investigadores, e incluso para el propio gobierno cubano, este ha sido el mayor éxodo de cubanos en la historia del país.
Según el medio cubano El Toque, al menos 150 periodistas cubanos se exiliaron entre 2022 y 2024 debido al acoso de los agentes de seguridad del Estado. Un estudio coordinado por la Universidad de Costa Rica documentó que 98 periodistas cubanos se vieron obligados a exiliarse entre 2018 y 2024. Sin embargo, es probable que el número real de periodistas cubanos que viven actualmente en el exilio sea mucho mayor, debido a la falta de información y a las oleadas de exilio anteriores.
Uno de los periodistas que se vio obligado a huir del país durante este periodo fue Abraham Jiménez Enoa, fundador de la revista El Estornudo y colaborador de periódicos internacionales como El País y The Washington Post. Gran parte de su labor periodística consistía en mostrar la realidad “oculta” de la vida en Cuba, lo que le convirtió en blanco del acoso del gobierno.
“Más allá de que te vieran la comunicación privada, que te siguieran, de que te secuestraran un par de veces, de que te interrogaran de manera ilícita, de que te acosen a la familia y amigos, también en Cuba tienen regulados migratorios”, él explica. “Estás en una especie de lista negra en la cual no puedes salir y es una especie de prisión política en la isla”.
Sin embargo, tras las protestas masivas de 2021, el gobierno decidió cambiar de táctica y suavizar las restricciones impuestas a las personas incluidas en la lista negra, entre las que se encontraban periodistas como Jiménez Enoa, activistas y miembros de la sociedad civil cubana. Muchos aprovecharon esta flexibilización para abandonar el país y no volver jamás.
La salida de Jiménez Enoa se vio dictada por estas circunstancias: las autoridades le dijeron que solo le concederían el pasaporte si abandonaba Cuba. De lo contrario, se enfrentaría a una detención domiciliaria. Su salida en 2022 formó parte del exitoso esfuerzo del gobierno por desarticular el movimiento de la prensa independiente.
“Podría ser que el 90% de periodistas que nacieron con el Internet están en el exilio. No está cuantificado. Muchos han dejado la profesión, otros han seguido y esos medios independientes, algunos han desaparecido, otros se mantienen, pero ya desde el exilio”, dice. “Dentro se mantiene la represión, pero no a los niveles de cuando yo estaba, pero no porque ellos sean mejores personajes, sino porque no tiene a quién reprimir”.
“Me dijeron que mis hijas podrían ir a la cárcel”
Luz Escobar, periodista independiente que colaboró con medios como 14ymedio y Diario de Cuba, sufrió actos de represión similares a lo largo de su carrera periodística en la isla. Entre ellos se encontraban la vigilancia, el acoso, los cortes de Internet y las detenciones arbitrarias. Sin embargo, el factor decisivo para abandonar el país se produjo cuando la persecución comenzó a dirigirse hacia sus hijas.
“Empezaron a ir a la escuela de ellas, a averiguar de ellas con amigos, con las madres de los amigos”, explica. “Además empezaron también a amenazarme con ellas, cosa que nunca habían hecho, a decirme que mis hijas podrían ir presas o a citarme en la sección de menores del Ministerio del Interior por cualquier cosa”.
Escobar y su familia se marcharon a España en 2022, donde permanece exiliada, sin poder regresar a Cuba. Con este exilio forzoso, su carrera periodística se ha visto afectada, ya que no ha podido seguir ejerciendo el mismo tipo de periodismo que solía practicar en su país.
Al principio empezó a trabajar para un periódico cubano en el exilio, pero su puesto tuvo que ser eliminado tras los recortes de la administración Trump en USAID. Ahora trabaja en múltiples proyectos, entre ellos la gestión de redes sociales para un medio cubano, un podcast y una red de mujeres periodistas en medios independientes para mejorar los salarios que ha encontrado como freelance.
“De manera general, periodismo no estoy haciendo,” dice Escobar. “A veces me escriben desde un periódico alemán o americano cuando pasa algo extraordinario en Cuba y me encargan así también”.
Los periodistas en el exilio que se ven obligados a abandonar el periodismo no son un fenómeno nuevo. Jiménez Enoa también mencionó que tuvo que pasar del periodismo a otras formas de narración, como escribir libros o documentales, ya que su imposibilidad de estar sobre el terreno dificulta el periodismo tradicional.
“Hay mil colegas que conozco, no solo cubanos, sino de otros montones de otros países que tienen que dejar la profesión porque tienen que vivir”, dice. “Es muy lamentable porque entonces termina pasando lo que esos gobiernos quieren que es desarticular a los movimientos y la prensa”.
Operando desde dentro y desde el extranjero
La última ola de migración masiva ha afectado a los medios cubanos que operan desde el extranjero. Tanto El Toque como Cubanet son medios cubanos que operan desde el exilio. Ambos tienen centros editoriales en Estados Unidos, pero han seguido colaborando con reporteros dentro de la isla para poder informar sobre el terreno. La represión de esta década ha obligado a muchos de esos reporteros a abandonar por completo el periodismo.
José J. Nieves, editor jefe de El Toque, dijo que han perdido equipos enteros de colaboradores en la isla. Esto ha dejado a El Toque sin periodistas sobre el terreno, al menos públicamente. Nieves afirma que se ha iniciado un proceso penal contra El Toque en Cuba, lo que ha llevado a que se amenace a las personas con ser perseguidas por trabajar con ellos.
“Nosotros hemos sido objeto de dos oleadas represivas en Cuba en el año 2022 y en el año 2024, que fueron olas de detenciones, interrogatorios, exposición pública, prohibición de vida del país, todo lo que está en el manual represivo del régimen cubano”, dice. “Eso nos llevó a perder todo un equipo de personas en el año 2022 y luego otro grupo de personas que aunque ya estábamos trabajando de manera más clandestina y controlada, de todas formas un grupo de esas personas fue detectada en el año en el año 2024.”
A medida que se eliminaban estos equipos de reporteros, El Toque hizo un llamamiento a su audiencia para que se convirtieran en “reporteros ciudadanos”. El botón de WhatsApp que implementaron ha facilitado un aumento de las pistas y se ha convertido en una herramienta fundamental para la cobertura.
Aunque el medio aún no está bloqueado en Cuba, el equipo trabaja sabiendo que esta situación podría cambiar en cualquier momento, y se está preparando activamente para un escenario en el que podrían ser bloqueados, estableciendo una fuerte presencia multimedial en otros canales.
“Hemos estado muy pendientes de como nosotros hay otros medios cubanos que sí están bloqueados y aprendiendo de ellos y de otros medios en el exilio que están bloqueados en sus respectivos países, pues tenemos ahí una estrategia guardada para poder sobreponernos a un escenario de censura que no ha llegado, pero para el cual nos preparamos constantemente”, dice Nieves.
Jiménez Enoa me describió algunas de las dificultades de ejercer el periodismo independiente en Cuba, entre ellas la confiscación de sus herramientas de trabajo (como teléfonos y computadoras portátiles), la censura constante y las amenazas de arresto.
Incluso realizar una simple investigación era complicado. Su oficina era, literalmente, un parque en el que tenía que sentarse cerca de una antena para acceder a las zonas wifi públicas que existían inicialmente. Esto era difícil, caro y logísticamente complejo, ya que conectarse durante una hora costaba inicialmente el equivalente al salario de un día.
El acoso no solo se extendía a él, sino también a sus fuentes. Después de escribir un extenso reportaje sobre dos vendedores ambulantes, Jiménez Enoa dijo que a los jóvenes les revocaron sus licencias y los interrogaron, perdiendo efectivamente su trabajo debido a su reportaje. Y sin embargo, a pesar de sus advertencias sobre las posibles consecuencias, las fuentes seguían dispuestas a compartir sus historias, me dijo Jiménez Enoa.
“En un contexto de esa magnitud donde la gente no tiene voz, donde te puede llevar a la cárcel, donde te puede emitir un criterio, donde te pueden hacer quedarte sin trabajo, la gente también se cansa y no tiene otra salida que contar lo que lo que sucede. Es como un método de alivio y para también contar la realidad”, dice.
La crisis del negocio
A diferencia de El Toque, Cubanet todavía cuenta con una red de unos 30 reporteros en la isla, según su editor Roberto Hechavarría Pilia. Pero han tenido que operar con estrictos protocolos de seguridad para poder mantenerlos a salvo, lo que incluye, por ejemplo, el uso de seudónimos y canales de comunicación seguros.
Para Hechavarría Pilia, sin embargo, el mayor problema ha sido conseguir financiación para mantener Cubanet en funcionamiento. El medio se vio afectado por la congelación de las subvenciones públicas de Estados Unidos a principios de año, lo que le provocó dificultades operativas durante varios meses.
“Afortunadamente [el programa] se pudo restablecer y actualmente estamos nuevamente trabajando en nuestro proyecto todavía un poco con algunas limitaciones, pero ya casi de vuelta al 100%”, dice.
Cubanet, que lleva en funcionamiento desde 1994, se ha financiado mediante donantes privados o subvenciones públicas procedentes del extranjero. En el contexto actual, en el que el periodismo atraviesa una crisis de financiación, Hechavarría Pilia afirma que han estado buscando otras vías de financiación, como los ingresos por publicidad o los patrocinios. Sin embargo, debido al contenido que producen, les ha resultado difícil monetizar su trabajo.
“En el contexto actual es muy difícil monetizar o patrocinar contenidos relacionados con derechos humanos, libertades, y temas sociales, porque lo que se busca son los contenidos de entretenimiento y esos contenidos de entretenimiento, si bien no los juzgamos o lo estigmatizamos de ninguna manera, no son parte de la misión de Cubanet”, el explica.
Escobar, una de las periodistas independientes exiliadas en España, me contó que uno de sus primeros trabajos en el exilio fue en el medio Diario de Cuba. Sin embargo, su puesto fue eliminado, junto con muchos otros, tras la congelación de los fondos estadounidenses. El equipo de El Toque también sufrió recortes en los fondos federales estadounidenses, aunque no directamente de USAID. Como no se les restituyeron estos fondos, el medio se vio obligado a reducir considerablemente su plantilla, pasando de más de 35 personas a 18.
Con el fin de reducir la dependencia de las subvenciones, que Nieves considera un “modelo en crisis”, El Toque está desarrollando nuevas fuentes de ingresos que incluyen productos de suscripción para el público fuera de la isla y una agencia de servicios de medios.
“Estamos tratando de movernos más y más lejos de la dependencia de la filantropía y de las ayudas de la cooperación internacional hacia otras formas de generar ingresos”, dice Nieves. “Por eso estamos también trabajando más conscientemente hacia las audiencias cubanas fuera de Cuba”.
Del exilio a la isla
A pesar de todas estas dificultades financieras, logísticas y de seguridad, todos los periodistas con los que hablé creen en la importancia de su trabajo como vehículo de resistencia democrática, incluso desde el exilio.
Las protestas de 2021 son en parte el resultado de la información proporcionada por los medios en el exilio y los reporteros sobre el terreno. Hechavarría Pilia cree que estas protestas se produjeron porque la población está mejor informada y es capaz de ver a través de las mentiras del gobierno.
“Desde el año 2020 en adelante las protestas son muy frecuentes y nosotros lo achacamos definitivamente que la gente se está informando más y mejor y pueden ver la mentira de lo que es la propaganda del gobierno cubano y compararlo con lo que está pasando en realidad dentro del país”, dice Hechavarría Pilia.
Para Nieves, el periodismo independiente es una forma de amplificar las voces de los ciudadanos que quieren informar sobre la realidad en Cuba. Aunque El Toque es un medio que opera en el exilio, el 70 % de su audiencia proviene directamente de la isla.
“Tal como el reporte ciudadano, la gente quiere denunciar su situación en Cuba que es muy grave. Siempre van a encontrar un camino para hacerlo”, dice Nieves. “Nosotros los periodistas tenemos que estar al servicio de ellos para poderles amplificar con nuestros recursos y nuestras herramientas”.
En cuanto a la cuestión de regresar a Cuba, todos los periodistas con los que hablé me dijeron que creen que actualmente es imposible, peligroso y, a menudo, indeseable debido a las circunstancias.
Escobar, que resistió durante tanto tiempo, dice que ya no tiene fuerzas para regresar y empezar de nuevo, tras haberse exiliado a una edad avanzada. Aunque reconoce que es poco probable que regrese físicamente a vivir a Cuba, ella, al igual que los demás periodistas con los que hablé, mantiene su dedicación a su misión desde el extranjero.
“Lo que sí que no veo es desconectarme de Cuba y olvidarme de Cuba”, dice. “Voy a seguir trabajando por que la democracia llegue a Cuba, porque el periodismo siga creciendo, pero creo que ya lo voy a hacer desde el exilio”.
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