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Cinco preguntas para mejorar la cobertura de la transición energética en América Latina
Las líneas de transmisión del complejo solar Puerto Peñasco, en el desierto de Sonora (México), pronto transportarán 1.000 megavatios de electricidad hacia Baja California. Pero esa es solo la mitad de la historia. Crédito: Sergio Muller.
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Vacíos en la cobertura | 1. ¿Quién se beneficia y quién asume los costos? | 2. ¿De qué transición estamos hablando? | 3. ¿Qué voces nos están faltando? | 4. ¿Dónde empieza y dónde termina la historia? | 5. ¿Estoy cubriendo un acontecimiento o un proceso? | ConclusiónA finales de 2025, la empresa estatal de electricidad de México anunció una nueva ampliación del complejo solar Puerto Peñasco, en Sonora. Se trata de una de las plantas solares más grandes de América Latina y se espera que genere 1.000 megavatios de electricidad para 2028. La presidenta, Claudia Sheinbaum, la presenta como un hito para la soberanía energética de México.
Pero a 27 kilómetros de esa planta, el pueblo indígena Tohono O'odham contaba una historia muy distinta: las líneas de transmisión profanan un territorio sagrado. "Es como si yo construyera un muro en medio de una iglesia católica o cristiana", dijo Matías Valenzuela, portavoz del Consejo Supremo de Ancianos de la comunidad. La electricidad generada será enviada a Baja California, a 175 kilómetros de distancia. Nadie consultó a su comunidad.
En el centro de una transición energética global que está transformando la forma en que la energía se produce, se distribuye y se consume se encuentra América Latina. La región genera más del 65 % de su electricidad a partir de fuentes renovables, muy por encima del promedio mundial del 40 %, y provee muchos de los minerales de los que depende la transición global, como el litio de Argentina y el cobre de Perú.
Un mismo proyecto puede ser presentado por un gobierno como un avance en la lucha contra el cambio climático y, al mismo tiempo, ser vivido por la comunidad cuyo territorio ocupa como un proceso de despojo. Esa complejidad no es un detalle secundario: **es** la historia. Y los periodistas que deben navegar entre estas narrativas contrapuestas necesitan un marco de trabajo que hoy falta en gran parte de la cobertura de la región. Este proyecto busca ofrecer precisamente ese marco.
Se basa en 21 entrevistas en profundidad realizadas entre comienzos y mediados de 2026 a periodistas freelance y de medios gráficos, digitales y audiovisuales de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Bolivia, Perú, Ecuador, Uruguay, Costa Rica, Guatemala y Paraguay, además de investigadores especializados en medios y energía de la región.
Vacíos en la cobertura
En toda América Latina, esta historia se está contando de manera incompleta. La transición energética es uno de los procesos más trascendentales de la región: redefinirá el uso del suelo, el empleo, el acceso al agua y las relaciones de poder durante las próximas décadas.
Sin embargo, suele cubrirse de manera esporádica, superficial y a través de marcos interpretativos heredados de la cobertura internacional sobre energía que no contemplan la posición particular de América Latina. El gráfico que sigue ilustra algunas de las razones por las que la cobertura resulta insuficiente.

Como consecuencia, predominan coberturas superficiales, impulsadas por la agenda del día y construidas a partir de un conjunto limitado de fuentes. Son historias que cuentan lo que anuncian los gobiernos y prometen las empresas, pero rara vez explican quién controla la infraestructura, quién fue consultado o quién termina pagando los costos. Romper ese patrón requiere hacerse cinco preguntas distintas, no como una fórmula, sino como herramientas para revelar aquello que permanece oculto.
1. ¿Quién se beneficia y quién asume los costos?
Todo proyecto energético distribuye beneficios y cargas —tierra, agua, acceso a la electricidad, ganancias y riesgos— de manera desigual. En Puerto Peñasco, los beneficios llegan a consumidores que viven lejos del proyecto. Los costos recaen sobre el territorio del pueblo Tohono O'odham. Hacerse esta pregunta implica ir más allá de los indicadores que suelen ocupar los titulares —megavatios instalados o montos de inversión— para analizar la verdadera economía política del proyecto.
2. ¿De qué transición estamos hablando?
Tanto un anuncio ministerial como un movimiento de resistencia comunitaria utilizan la palabra "transición", pero describen futuros en disputa. Uno habla de capacidad técnica y crecimiento económico. El otro habla de pérdida de control y despojo. Tratar ambos relatos como si fueran la misma historia también es una decisión editorial.
3. ¿Qué voces nos están faltando?
La cobertura típica sobre energía suele incluir declaraciones del Gobierno, de la empresa involucrada y, con suerte, de algún representante de la comunidad. Pero faltan muchas otras voces: abogados ambientalistas que conocen el derecho a la consulta previa; investigadores especializados en justicia energética que puedan aportar análisis independientes; organizaciones de mujeres (ya que muchas veces experimentan los impactos de los proyectos de infraestructura de manera diferente, especialmente en relación con los medios de vida, las tareas de cuidado y el acceso a los recursos naturales); sindicatos de trabajadores de los sectores vinculados a los combustibles fósiles; y académicos que no tengan vínculos financieros con la industria.
4. ¿Dónde empieza y dónde termina la historia?
Un parque solar necesita minerales extraídos en algún lugar: silicio, plata, cobre. Los componentes que hoy permiten expandir las energías renovables en Europa pueden haber sido obtenidos en condiciones similares a aquellas que hoy cuestiona el pueblo Tohono O'odham. Las cadenas de suministro conectan historias distantes. Hacer visibles esas conexiones es el primer paso para exigir rendición de cuentas.
5. ¿Estoy cubriendo un acontecimiento o un proceso?
Cada proyecto de energía renovable genera acontecimientos: anuncios, inauguraciones, ceremonias y cifras de inversión. Pero cómo será la situación de esa comunidad dentro de dos años —si finalmente hubo consulta, si mejoró el acceso a la electricidad, qué cambió realmente— constituye otra historia completamente distinta. La cobertura centrada en los acontecimientos no la seguirá. Los periodistas sí deberían hacerlo.
Conclusión
El informe completo puede descargarse en formato PDF más abajo. Allí se explica cómo aplicar estas cinco preguntas en la práctica, con herramientas concretas para la cobertura periodística y los errores más comunes que conviene evitar. También incluye una hoja-resumen que sintetiza las preguntas y las herramientas.
Muchos periodistas de América Latina ya están realizando un trabajo extraordinario pese a las condiciones precarias en las que ejercen la profesión. Lo que este marco busca aportar es un lenguaje para nombrar algo que ellos ya saben: que la transición energética en América Latina es, ante todo, una historia sobre el poder: quién lo tiene, quién lo ejerce y quién termina pagando el precio.