La imparcialidad es un compromiso básico para algunos medios, entre los que se incluyen los públicos como la BBC y los privados como Reuters News. Sin embargo, hay varios otros, tanto tradicionales como nuevos, que operan con una línea editorial mucho más explícita, sesgada y, en ocasiones, abiertamente partidista. Esto ha sido durante años la norma, por ejemplo, en numerosos periódicos europeos y en gran parte de la televisión por cable y la radio de Estados Unidos.
En un contexto de desacuerdos a menudo intensos, donde a veces aparentemente tenemos cada vez menos en común, donde las redes sociales desbordan de polémicas y donde algunos medios altamente partidistas y creadores de contenido tendenciosos han construido audiencias significativas, puede parecer que el público rechaza la aspiración a la imparcialidad y prefiere la información de fuentes con un punto de vista nítido: quizá, sobre todo, una visión que confirme las propias.
¿Es cierto? Una forma de averiguarlo es preguntarle a la gente, y eso es exactamente lo que hemos hecho en la encuesta de este año.
¿Quiere la gente noticias imparciales?
Un aspecto decisivo de la imparcialidad es el intento de abstenerse de ser parcial; en el contexto periodístico, esto implica aspirar a ofrecer noticias sin adoptar ningún punto de vista determinado, en contraste con los medios que tienen una línea editorial explícita. Sin pretender agotar un concepto que puede resultar difícil de definir en la práctica y en el plano filosófico, y que está sujeto a cuestionamientos de fondo, informar tratando de evitar un punto de vista constituye un aspecto relevante tanto del modo en que muchos periodistas conciben la aspiración a la imparcialidad como de los debates filosóficos sobre la imparcialidad en tanto principio moral (Kieran, 1998). La imparcialidad, en este sentido, no es la ausencia de una posición moral clara: es, en cambio, un ideal moral específico. Investigaciones previas exponen que no se trata solamente de un ideal abstracto, sino que está arraigado en la forma en que gran parte del público piensa sobre la imparcialidad periodística en varios países (Mont’Alverne y otros, 2023) y así es lo suficientemente claro y comprensible como para utilizarlo en una encuesta. Por eso lo usamos aquí como un indicador de cómo piensa la gente sobre la imparcialidad en las noticias.
En el promedio de todos los mercados, un 45% prefiere las fuentes informativas que no tienen un punto de vista determinado. La cifra duplica el 22% que prioriza aquellas noticias que comparten su punto de vista, mientras que el 15% opta por las que cuestionan su punto de vista: esto refleja dos formas diferentes de percibir un atractivo por las fuentes explícitamente parciales.
Estas respuestas son expresiones de opinión, no comportamientos observados, por lo que, naturalmente, algunos encuestados que afirman preferir fuentes sin un punto de vista concreto en realidad consumen, al menos en parte, medios partidistas, se presenten como tales o no. (El Guardian es explícito: su ambición declarada es ser “la voz progresista líder en el mundo”. La estridente Fox News no tanto: solía promocionarse como “imparcial y equilibrada”). Además de ser relevantes para documentar el amplio reconocimiento público de al menos la idea de información imparcial, nuestros datos coinciden con una tendencia en muchos países analizados en este informe: los medios sin una postura editorial clara y explícita sobre los temas de actualidad, que se posicionan como relativamente neutrales (emisoras privadas, portales online, medios públicos allí donde lo hay) están entre los de mayor alcance tanto offline como online.
Dado que hace unos años ya planteamos esta misma pregunta, ahora estamos en condiciones de observar cómo ha evolucionado la opinión pública. Si nos centramos exclusivamente en los 40 mercados que respondieron en 2020 y en 2026, detectamos pocos cambios en general. Quizá lo más significativo sea una leve disminución en la cantidad de gente que prefiere noticias de fuentes que comparten su punto de vista (-4pp) y un aumento de quienes responden “no sé” (+5pp); ambos cambios superan a la ligera caída del porcentaje que prefiere noticias sin un punto de vista particular.1 En un contexto de cambios veloces en varios aspectos del consumo de medios y de la percepción popular sobre las noticias y su papel en nuestras sociedades, estos números resultan sorprendentemente estables.
Una mayoría relativamente silenciosa y una minoría mucho más ruidosa
Puede resultar sorprendente el hallazgo de que una amplia porción del público, en la mayoría de los países, sigue prefiriendo las fuentes informativas sin un punto de vista determinado: contradice las expectativas basadas en la experiencia que muchos tienen sobre las polémicas partidistas en los medios y, quizá sobre todo, sobre las posturas moralistas y la manipulación para provocar indignación en las redes sociales (ragebait). No obstante, el papel desproporcionado que desempeña la minoría que busca el partidismo es más fácil de entender teniendo en cuenta que quienes eligen consumir fuentes que comparten su punto de vista también son, según nuestros datos, más propensos a:
- compartir y comentar noticias online y en las plataformas;
- estar muy o extremadamente interesados en las noticias y en la política;
- situarse a la izquierda o a la derecha del espectro político;
- consumir información varias veces al día y pagar por las noticias.
La gente que prefiere la prensa que se alinea con sus propios puntos de vista representa una minoría. Pero tiende a ser más ruidosa, más involucrada, más partidista y más importante para el negocio de varios medios, en comparación con el público en general.
Poniendo la lupa sobre las diferencias sociales, observamos que los jóvenes y las personas con bajo nivel de educación formal son los grupos menos propensos a informarse con fuentes sin un punto de vista determinado. Una proporción levemente mayor del segmento de 18 a 24 años prefiere consumir noticias que comparten su punto de vista o que lo cuestionan. Una cantidad significativamente mayor de quienes tienen bajo nivel de educación formal responde “no sé”. Sin embargo, en ambos grupos registramos una clara mayoría que se inclina por la imparcialidad.
Imparcialidad para mí, ¿pero también para los demás?
Es importante destacar que, cuando la gente expresa su preferencia por fuentes sin un punto de vista particular, por lo general no se trata simplemente de una cuestión de gusto individual: también es una norma social a la que se adhiere. También preguntamos a los encuestados cómo creen que debería actuar el resto de la sociedad a la hora de informarse. Y en esto, las opiniones agregadas se alinean de manera impresionante. Lejos de ser un caso típico de “reglas para los demás, no para mí”, existe una correlación casi perfecta entre la proporción que prefiere noticias imparciales y la proporción que considera que el resto de la sociedad debería hacer lo mismo.2 (En otros asuntos, esto resulta muy diferente: por ejemplo, en cuanto a la susceptibilidad percibida a la publicidad o a la desinformación, la gente a menudo se ve a sí misma de manera diferente a como ve a los demás).
Variaciones globales en las preferencias por la información imparcial, el uso de las redes sociales y la polarización
Si bien es notable, la preferencia por las noticias imparciales no luce uniforme en todo el mundo. En 24 de nuestros mercados, al menos la mitad de la gente se inclina por las fuentes sin un punto de vista particular, y en 16 así se expresa la mayoría. Pero en siete de los ocho restantes, incluidos muchos países importantes y poblados del Sur Global, son más quienes eligen consumir noticias que comparten su punto de vista.
Para explicar esta variación, los datos de las encuestas por sí solos no bastan, ni mucho menos. Y la situación en cada país y en ciertas comunidades siempre vendrá determinada también por circunstancias culturales, históricas, políticas y de otro tipo, que exceden lo que estamos en condiciones de abarcar aquí. Pero con la información disponible sí podemos captar algunas variaciones potencialmente relevantes entre los países, comparando la preferencia por las fuentes sin un punto de vista concreto con dos factores que, según estudios anteriores, a veces influyen significativamente en la forma en que la gente percibe las noticias: las plataformas a través de las cuales acceden a la información (Fletcher y otros, 2025) y el contexto político que cubren las noticias (Hanitzsch y otros, 2018).
Primero, las plataformas: las redes sociales, que suelen amplificar las polémicas y ofrecen flujos de información altamente personalizados, pueden entrar en conflicto con la aspiración a la imparcialidad. De hecho, si comparamos el porcentaje de gente en cada país que tiene a las redes como principal fuente informativa con el porcentaje que prefiere las fuentes sin un punto de vista determinado, notamos una nítida correlación negativa a nivel país. Esto no prueba una relación causal (tampoco la correlación es tan pronunciada a nivel individual) y en todo caso, desentrañar si el comportamiento o las preferencias vienen primero es una tarea compleja. Pero es importante destacar que, en igualdad de condiciones, allí donde más gente tiene a las redes sociales como principal fuente hay una clara tendencia a preferir las noticias sin un punto de vista particular.
Segundo, la polarización: el desacuerdo profundo o el conflicto insuperable entre diferentes bandos puede generar una situación en la que el concepto de imparcialidad parezca más ideológico que idealista. Cuando las instituciones democráticas fundamentales o los derechos básicos de amplios sectores de la población sufren un ataque político coordinado, ¿qué significa informar sin un punto de vista concreto? Nuestros datos no permiten establecer el grado de polarización política en los mercados del informe, pero es un factor que puede analizarse a partir de otras investigaciones. Específicamente, el proyecto V-Dem (Nord y otros, 2026) incluye una estimación sobre cuán dividida se halla una sociedad en términos de bandos políticos hostiles, y en qué medida estas diferencias socavan las relaciones sociales y desalientan el vínculo entre ideologías distintas. Utilizando esto como indicador, podemos comparar el nivel de polarización de los países y el porcentaje de gente que prefiere noticias imparciales: vemos cierta correlación, pero es necesario subrayar que se trata de algo mucho más débil y con mayor variación. Reiteramos: este hallazgo no demuestra una relación causal. Pero, en igualdad de condiciones, las sociedades más polarizadas parecen tener una preferencia levemente menor por las fuentes sin un punto de vista particular.
¿Puede sobrevivir el periodismo imparcial?
En líneas generales, nuestros datos marcan que buena parte del público (y en muchos países, una contundente mayoría) prefiere informarse mediante fuentes sin un punto de vista determinado, y cree que así debería hacerlo el resto de la sociedad también.
Esto subraya que, pese a la proliferación del partidismo tanto en la política como en los medios online y offline, se mantiene una clara demanda real de noticias imparciales por parte de las audiencias y un amplio apoyo público a la aspiración de proporcionar ese tipo de periodismo. Es algo que muchos desean, para sí mismos y para los demás, incluso en este mundo de algoritmos que a veces premian la polémica, y de sociedades a menudo profundamente divididas.
Dicho esto, nuestro análisis pone de relieve, a la vez, que la información imparcial se enfrenta a retos concretos. Si la minoría que prefiere consumir fuentes que comparten su punto de vista expresa mayor involucramiento y más valor comercial que el público en general, entonces los medios y los creadores de contenido cuentan con incentivos para proveer a ese grupo, en un mercado increíblemente competitivo por la atención de la gente. Asumir una línea editorial y una posición partidista con nitidez puede representar (además del atractivo intrínseco para algunos) una forma de diferenciación del producto. No es el único camino para tratar de destacarse: otros son un público objetivo bien definido, un enfoque de nicho, el formato, etcétera. Sin embargo, es claramente una manera de distinguir la oferta propia entre una gran cantidad de alternativas. Sobre todo en países donde muchos medios tradicionales han intentado históricamente posicionarse como defensores de la imparcialidad, los nuevos actores del ecosistema informativo tienden especialmente a ver el partidismo como un poderoso diferenciador, tal como hemos visto en Estados Unidos desde lo sucedido en las cadenas de TV por cable y la radio.
En lo que respecta al contexto mediático y político en el que deben desenvolverse los medios, la preferencia del público por la información sin un punto de vista determinado tiende a ser menos marcada allí donde más gente elige a las redes sociales como principal fuente, pero es ligeramente menos clara en países con mayor polarización política. Cuán intensos son estos dos factores (el giro hacia el descubrimiento distribuido de las noticias, con alta dependencia de las plataformas, y el incremento de la polarización política) difiere de manera relevante de un mercado a otro.
La creciente importancia de las plataformas en general es casi universal, pero la importancia de las redes sociales para consumir noticias específicamente varía mucho según el país (Nielsen y Fletcher, 2023). Se registra incluso más variación en cuanto a la polarización política: en muchos lugares aumenta de manera nítida y espectacular, pero en otros no se observan cambios significativos, o incluso se ha producido un leve descenso (Boxell y otros, 2024). Tomando los 40 países que cubrimos tanto en 2020 como en 2026, el porcentaje que tiene a las redes como principal fuente informativa ha crecido considerablemente en 33 durante estos años, y sólo ha disminuido en uno. De acuerdo con los datos de V-Dem, la polarización se ha profundizado en 29 países y ha descendido en ocho (Nord y otros, 2026).
Varios medios, tanto los tradicionales como algunos nativos digitales, conservan un fuerte vínculo con aquellas audiencias que prefieren la información sin un punto de vista concreto. Hasta ahora, la demanda pública de noticias imparciales se ha mantenido sólida, incluso mientras las plataformas ganan cada vez más relevancia y la polarización aumenta en muchas sociedades. Pero para aquellos que atraviesan dificultades, o que luchan por abrirse camino, contar con una línea editorial más estridente y partidista es una vía posible para destacarse en medio del ruido (aunque tal vez contribuyan a ese ruido). Y en países donde la gente depende cada vez más de las redes sociales para informarse, y donde se incrementa la polarización política, es probable que estos incentivos se refuercen, recompensando la producción de noticias partidistas deseadas por una minoría importante y muy involucrada, pero que muchos otros consideran inadecuadas, tanto a nivel personal como para la sociedad en general.
Notas al pie
1 En 2013, formulamos la misma pregunta en un pequeño grupo de países, pero con diferentes opciones de respuesta, de modo que los datos de aquel entonces no son comparables con los de 2020 y 2026.
2 Es posible que exista aquí un sesgo de coherencia que impulsa a nuestros encuestados a acomodar sus respuestas para no parecer hipócritas o inconsistentes. Sin embargo, el patrón general es muy claro.